El Plan Estratégico de Seguridad Vial falla más por gestión que por documentación. Estos son los seis puntos donde vemos caer la implementación durante las auditorías.
Equipo de Ingeniería Eccosis · · 4 min de lectura
Un Plan Estratégico de Seguridad Vial bien elaborado no protege a nadie si vive en una carpeta. La brecha entre lo documentado y lo ejecutado es donde ocurren los siniestros y donde se pierden las auditorías.
Estos son los seis errores que encontramos con mayor frecuencia al hacer diagnóstico en organizaciones que ya tienen un PESV formulado.
El error de origen. Se contrata la elaboración del plan, se recibe el documento, se archiva y se da por cumplido el requisito.
El PESV es un ciclo de gestión: diagnóstico, planificación, implementación, seguimiento y mejora. El documento es solo la evidencia de la primera mitad. Si no hay registros de ejecución —capacitaciones dictadas, inspecciones realizadas, indicadores medidos— no hay plan, hay un archivo.
Muchos diagnósticos se construyen con información suministrada en una reunión, sin verificación en campo. El resultado son planes que dimensionan mal el riesgo:
Se declara una flota de vehículos livianos cuando la operación crítica es de carga pesada.
No se incluyen los conductores tercerizados, que suelen recorrer más kilómetros que los propios.
Se omiten los desplazamientos en motocicleta del personal administrativo, que en Colombia concentran buena parte de la siniestralidad laboral vial.
Un indicador frecuente: "número de capacitaciones realizadas". Mide actividad, no resultado.
Los indicadores útiles responden preguntas de gestión:
En lugar de
Mida
Capacitaciones realizadas
Cobertura sobre el total de conductores expuestos
Inspecciones ejecutadas
Porcentaje de hallazgos cerrados dentro del plazo
Siniestros del período
Tasa por cada 100.000 km recorridos
Comparendos recibidos
Reincidencia por conductor
La tasa por kilómetro recorrido es la que permite comparar períodos con volúmenes de operación distintos. Sin ella, una reducción de siniestros puede deberse simplemente a que se rodó menos.
El rutograma es la herramienta que traduce el plan en instrucción operativa concreta: puntos críticos, velocidades máximas por tramo, sitios de descanso, zonas sin cobertura de comunicación.
Su valor depende por completo de su vigencia. Una obra nueva, un cambio de señalización o un tramo deteriorado en época de lluvias modifican el perfil de riesgo del corredor. Un rutograma de hace dos años describe una vía que ya no existe.
La normativa lo exige y las auditorías lo verifican, pero suele reducirse a una firma en la política.
El compromiso real se evidencia en decisiones: presupuesto asignado y ejecutado, participación efectiva en el comité de seguridad vial, y —el indicador más revelador— qué ocurre cuando cumplir el plan entra en conflicto con cumplir una meta operativa. Si el plan siempre cede, la organización ya comunicó su prioridad real.